De repente despierta entre tinieblas, no recuerda el tiempo transcurrido ni reconoce el lugar pero su mente es consciente otra vez del mundo, vive. Tranquilamente, pregunta que hacer a su cerebro, pero este no tampoco lo sabe. Puede sentir el firme suelo de piedra bajo su espalda, siente su ropa húmeda, su camiseta mojada, le resulta incomodo, agobiante, como si un gigante le aplastara el pecho cada vez que intenta que el gélido aire que le rodea recorra sus pulmones.
Como una tortuga ya cansada, dirige su mirada hacia arriba, despacio, e intenta hacer a sus pupilas enfocar algo: el techo, el cielo, un ave... pero no lo consigue. Hacia arriba, oscuridad. Infinita oscuridad. Contemplando esta oscuridad permanece durante unos segundos que lentamente se convierten en minutos, dos, tres, cuatro, diez, veinte. El ambiente es frio, el olor a humedad penetrante, el unico sonido: su respiracion, profunda y relajada.
Con un enorme esfuerzo intenta incorporarse comprobando que a su cuerpo, aún dormido, no le hace ninguna gracia. Por qué se ha de levantar cuando no le queda nada por lo que hacerlo, cualquier razon para su existencia ya no es mas que el vestigio de una ilusión que, poco a poco, se desvanece entre sus recuerdos. Mas aun asi, levantarse es prueba de su espíritu guerrero, la lucha aun no ha acabado, no se piensa dejar derrotar, aun no, no tan facilmente. Mientras empuja hacia abajo la rigida roca que queda cada vez mas lejos bajo sus pies, recuerda uno a uno cada error, cada una de sus erradas decisiones, causantes de su desafortunada situación lo que le da energía para incorporarse de nuevo, no volvera a cometer ninguno de sus antiguos fallos, sabe lo que ha de hacer y se dispone a ello, levanta la mirada, sus ojos brillan con fuerza, reflejan el fuego que vuelve a arder en su interior, reflejan esperanza, pasion, fuerza, desicion, la debilidad ha desaparecido.
A lo lejos, ante sus ojos, se alza una inmensa pared cuyo limite no alcanza a distinguir, gira la cabeza, a su derecha, oscuridad. Igualmente la gira a su izquierda y tras ella su cuerpo hasta dar un giro completo. Le rodea la oscuridad, oscuridad y nada mas. Tras esto, con decididos pasos, se dirigue hacia la enorme pared como si esta reclamara su presencia. Como si alguien le indicara cuando y qué ha de hacer. Comienza a resonar el silvido del viento rompiendo el hasta ahora continuo silencio. Sopla con fuerza. Como si, furioso, el cuarto elemento intentara impedir su avance pero tan solo su cabello se deja arrastrar hacia la oscuridad que se cierne a su espalda. Su paso es calmado y decidido, su postura erguida, su mirada, precisa y penetrante, hacia el muro que, aumentando su nitidez, se acerca con cada paso, hasta quedar a sus pies, colosal y magestuoso pero a sus pies.
Es una petrea construcción; bastante antigua a simple vista, milenaria; con grandes bloques de piedra de aspecto compacto, uniforme, de color rojizo y apariencia cálcica; tal vez de diseño maya; la cual se alza hacia arriba tanto como alcanza a distinguir y se extiende hacia los lados hasta perderse en la oscuridad. Comienza a caminar bajo él, dejándolo a su izquierda, dirigiendose hacia alli donde la piedra se hace oscuridad, y la oscuridad piedra. Puede sentir su tacto frio, mohoso, en el deslizar de sus dedos mientras camina, constante y decididamente.
¿Por que caminamos cuando no hay a donde ir? Es la naturaleza dependiente del ser humano la que le hace buscar un sitio seguro, caminar hacia la luz si se halla entre oscuridad, buscar a sus semejantes si se encuentra solo, buscar una sociedad. El ser humano necesita de la sociedad para existir, necesita de la sociedad para poder ser "humano" y cuanto mayor es el progreso de dicha sociedad, mayor es su dependencia de esta, todos y cada uno de nosotros trabajamos por, con o para alguien, necesitamos un semejante, un guia, necesitamos una sombra en la que respaldarnos, no nos podemos cobijar bajo nuestra propia sombra, es por ello que cuando caminamos solos caminamos desamparados, indefensos, caminamos sin rumbo, desorientados, caminamos a ciegas, caminamos entre oscuridad.
Su caminar se vuelve pesado por momentos, sus ojos observan el vaivén de sus piés, uno tras otro, el viento continua soplando en silencio, el frio congela sus ropas, traspasa su piel, atraviesa sus musculos y acomete cruelmente contra sus huesos tomando posesión de sus álgidos dedos, sus manos, sus brazos, su cara. Puede sentir los apresurados latidos de su, cada vez mas frio, corazón. Es en este momento que alza la mirada para contemplar como las filas de rocas que constituyen esa granítica barrera rompen su linealidad para formar una elegante entrada, de firmes pilares, dintel semicircular y tamaño suficiente como para poder ingresar por ella un paquidermo. Deteniendo al fin su paso contempla su posible huida del congelante viento que le rodea. Tras esta entrada se ubica un largo pasadizo, de aspecto mas rudo y pedregoso que la cuidada fachada, y al final del cual es posible distinguir una tenue luz de tono amarillento. Sin añadir a su espera un solo segundo se adentra en el recien descubierto pasillo. Aqui no se deja sentir el viento, la oscuridad disminuye y del interior procede una agradable temperatura que, suavemente, alivia el dolor que asedia su cuerpo a causa del frio y despiadado viento. La luz procedente del interior le permite contemplar las antiguas paredes, damnificacas por el tiempo y el abandono si bien algun resto de vegetación aún muestra signos de vida entre las rocas que, caóticamente, componen su estructura.
Acercandose al fondo de la galeria puede distinguir una amplia estancia, cálida e iluminada y en ella...
Acercandose al fondo de la galeria puede distinguir una amplia estancia, cálida e iluminada y en ella...
